Chedraui, el alcalde que no soporta que una mujer le reclame sus fracasos

Chedraui, el alcalde que no soporta que una mujer le reclame sus fracasos

Foto: Enfoque

José Chedraui Budib volvió a demostrar de qué está hecho; cuando la regidora Shirley Ponce tomó la palabra en el Cabildo para señalarle los aumentos injustificados al predial y el desastre de su segundo año de gobierno, el alcalde se levantó, se fue y la dejó hablando sola.

 

Tuvo que entrar otro funcionario a cerrar la sesión que él abandonó sin dar una sola explicación. No hubo respuesta, solo la huida.

 

Ese gesto no es un detalle menor, es el retrato exacto de un funcionario con intelecto limitado y ego frágil; un alcalde que no soporta que le digan sus verdades en la cara, especialmente cuando quien las dice es una mujer preparada.

 

Chedraui no debate, no argumenta, huye, y lo hace justo cuando pretende reelegirse para seguir gobernando Puebla tres años más.

 

 

La escena es humillante. El hombre que presume de resultados y de un informe repleto de cifras maquilladas no tuvo el valor de quedarse a escuchar las críticas.

 

Prefirió dar la espalda y salir del salón, así de sencillo, así de cobarde; mientras tanto, la regidora de oposición tuvo que continuar sola, denunciando lo que ya muchos poblanos saben: que esta administración es un fracaso administrativo, ineficiente y lejana a las promesas de campaña.

 

Esta no es la primera vez. La Comisión de Derechos Humanos del Estado ya había intervenido antes por denuncias de censura, abuso de poder y conductas misóginas contra la misma regidora.

 

El patrón es claro: cuando una mujer alza la voz en el Cabildo, Chedraui responde con intolerancia o, como ahora, con la escapatoria, eso no es diferencia política. Es violencia política de género ejercida desde el poder.

 

Seis de cada diez ciudadanos lo rechazan. Llegó prometiendo calles impecables, seguridad real y una policía especializada para mujeres; hoy acumula deuda de cientos de millones, obras cuestionadas, un informe más propagandístico que real y la costumbre de callar o huir cuando le exigen cuentas.

 

Inepto como administrador, ineficiente como funcionario, perdedor en la percepción ciudadana, y ahora, fugitivo del escrutinio público.

 

El segundo informe de gobierno debía ser el momento de la rendición de cuentas, en cambio, se convirtió en el escenario de otra demostración de debilidad.

 

Chedraui no enfrentó las críticas sobre el predial, no explicó los aumentos, no defendió sus números. Simplemente se levantó y se fue.

 

Un alcalde que no aguanta ni cinco minutos de cuestionamiento serio no está listo para seguir gobernando.

 

La violencia política de género no siempre se ejerce con gritos o amenazas, a veces se ejerce con el silencio y la huida. Dejar a una regidora hablando sola, abandonar el pleno y obligar a otro a terminar la sesión es una forma de menosprecio y de censura. Es decirle a la oposición, y en particular a las mujeres que se atreven a cuestionarlo, que su voz no merece ni siquiera ser escuchada por el alcalde.

 

Chedraui quiere reelegirse, quiere tres años más de poder, pero el perfil que exhibe es el de alguien incapaz de sostener un debate, incapaz de administrar con eficiencia e incapaz de soportar que le digan en la cara lo que ya sabe toda la ciudad: que su gobierno es un fracaso.

 

Puebla no necesita otro trienio de alguien que, ante el primer cuestionamiento serio, prefiere levantarse y salir corriendo.

 

Un alcalde con escaso intelecto siempre huirá cuando le digan sus verdades, peor aun cuando quien se las dice es una mujer preparada.

 

Ese es Chedraui, ese es el funcionario que hoy pide reelección, y ese es el espectáculo que ofreció una vez más en el Cabildo: cobardía, intolerancia y violencia política de género disfrazada de indiferencia.

 

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