Chedraui: el alcalde ballerino que danza al son de la desvergüenza

Chedraui: el alcalde ballerino que danza al son de la desvergüenza

Foto: Magnific, Enfoque

Uno se pregunta qué pasa por la cabeza de José Chedraui Budib cuando el gobernador Alejandro Armenta lo pone otra vez contra la pared. No es la primera vez. Armenta se queja, con razón y en público, de que el Ayuntamiento tardó nueve meses en entregar los permisos del Cablebús

 

Nueve meses, mientras el gobierno estatal avanza obras, el edil capitalino parece haberse especializado en el arte del retraso selectivo: lento para lo que sí le corresponde y ágil para lo que le da likes, que acaban en hates.

 

¿Chedraui sentirá algo de vergüenza cuando le recuerdan, una y otra vez, que el bacheo, la limpieza, la repartición de agua y el mantenimiento de las calles son obligaciones municipales? Porque Armenta no se cansa de señalar esas omisiones. El Estado interviene, pavimenta, apoya… y el alcalde responde con el silencio administrativo o con el espectáculo

 

La ciudad se cae a pedazos: baches que ya tienen años, basura acumulada, colonias sin agua regular, y él, en vez de sacar la cuadrilla, saca los mallones.

 

La inseguridad es otro capítulo de esta comedia trágica; mientras la capital está llegando a los niveles de Culiacán por aquello de las balaceras y ejecuciones, la Secretaría de Seguridad Ciudadana municipal muy convenientemente siempre llega después del hecho, a poner cintas amarillas y a tomarse el selfie del operativo

 

Los policías, dicen las calles, están más atentos a sus redes sociales que a las calles mismas. El Estado combate; el municipio administra el relato, y Chedraui, pazguato contumaz, organiza una clase masiva de ballet en el zócalo con Elisa Carrillo. 

 

Cientos de personas haciendo plié mientras la ciudad se descompone. Qué coincidencia más cínica: el alcalde ballerino que danza al son de la desvergüenza.

 

No se trata de oponerse a la cultura, se trata de prioridades, cuando la gente pide seguridad, calles transitables y servicios básicos, el Ayuntamiento ofrece tutú y coreografía. Mientras los poblanos esquivan baches y temen salir de noche, el presidente municipal se viste de mecenas de las bellas artes y se fotografía entre pirouettes. Vaya tipejo. Un alcalde que parece más preocupado por la puesta en escena que por la administración real de la capital.

 

Y no es sólo el Cablebús, sino el modito: el Gobierno Estatal empuja hacia adelante, el municipal se arrastra o se esconde detrás de trámites interminables. Armenta lo exhibe sin rodeos; Chedraui, en cambio, responde con más eventos, más focos y más postures. La ciudad se degrada y él perfecciona el arte de parecer ocupado en lo inútil.

 

Hay quienes todavía se preguntan si este personaje siente algo de pena; la respuesta, a juzgar por su agenda, es clara: no. Prefiere el aplauso fácil del espectáculo “cultural” que el trabajo sucio y poco fotogénico de gobernar. Puebla no necesita un alcalde ballerino, necesita uno que sepa que el zócalo no es escenario de ballet, sino el centro de una ciudad que se está cayendo a pedazos.

 

El cinismo, al menos, tiene ritmo. Y Chedraui parece haberlo ensayado a la perfección.

 

Tip extraoficial: Hubo una vez un alcalde de un municipio conurbado que tuvo un desliz con una empleada de su ayuntamiento; cuando fue descubierto y cacheteado por la primera dama, el señor presidente municipal lloraba sin parar ante terceras personas, daba explicaciones absurdas y juraba que “esa mujer” no significaba nada. ¿Quién será ese sujeto? Hoy es exalcalde y nadie sabe dónde está.

 

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