Novatadas, una costumbre estudiantil que ha cruzado el límite hacia la violencia

Novatadas, una costumbre estudiantil que ha cruzado el límite hacia la violencia

Foto: Enfoque

Lo que para algunos grupos estudiantiles representa una “tradición” de bienvenida, en distintos planteles del país, se ha convertido en una práctica que puede poner en riesgo la integridad física y emocional de los jóvenes.

 

El caso más reciente ocurrió en la Escuela Normal Rural “Carmen Serdán”, en Teteles de Ávila Castillo, Puebla, donde padres de familia acudieron al plantel para sacar a sus hijas de nuevo ingreso ante denuncias de abusos durante las llamadas “novatadas” o “semanas de inducción”.

 

 

Pero no se trata de un episodio aislado en el plantel, en 2023, un padre de familia acudió a rescatar a su hija, originaria de Veracruz, tras denunciar condiciones similares. Un año después, una madre grabó el momento en que sacó a su hija de la institución mientras presentaba signos de deshidratación.

 

En 2025, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla emitió una recomendación relacionada con un caso ocurrido en 2024, en el que dos alumnas, una de ellas menor de edad, fueron sometidas a privación de agua y alimentos, incomunicación y otras prácticas que terminaron afectando su salud.

 

El problema tampoco es exclusivo de Puebla, en las escuelas normales rurales existen antecedentes que han terminado en hospitalizaciones e incluso muertes.

 

En 2024, Brayan Isidro Zarco Rivera, alumno de la Normal Rural “Lázaro Cárdenas del Río”, de Tenería, Estado de México, murió durante una novatada en la que recibió el llamado “caballazo”, una práctica en la que fue montado y golpeado en el abdomen. Por el caso, un compañero fue declarado culpable de homicidio calificado.

 

En Chiapas, la Normal Rural Mactumactzá arrastra también antecedentes graves; en 2018, José Luis Hernández Espinosa murió después de participar en actividades que incluyeron ejercicios extremos y exposición a condiciones que derivaron en deshidratación y golpe de calor.

 

 

En 2026, nuevamente surgieron denuncias de padres de familia por presuntos ayunos prolongados, quemaduras ocasionadas por bebidas calientes y la hospitalización de una estudiante de 17 años por insuficiencia renal aguda.

 

Otro de los casos más graves ocurrió en Durango en 2018, Ronaldo Mojica Morales, aspirante a la Normal Rural “J. Guadalupe Aguilera”, murió después de una semana de inducción que, según las denuncias, incluyó ingesta forzada de alimentos en mal estado, alcohol, picantes, ejercicios extenuantes y privación del sueño. Otros aspirantes también tuvieron que ser hospitalizados.

 

Las novatadas tampoco se limitan a las normales rurales; en 2024, siete cadetes de entre 18 y 29 años murieron ahogados en Ensenada, Baja California, después de ser obligados a ingresar al mar con fuerte oleada, como parte de una actividad hecha fuera de procedimiento en un centro de adiestramiento.

 

 

El caso provocó cuestionamientos sobre los límites de las prácticas de formación y llevó a las autoridades a revisar protocolos de adiestramiento.

 

En universidades y equipos deportivos también se han registrado episodios de violencia contra integrantes de nuevo ingreso; existen antecedentes de intoxicaciones, golpes, ejercicios extremos, humillaciones públicas, rapados, inmersiones y otras formas de sometimiento utilizadas bajo el argumento de fortalecer la integración o demostrar resistencia.

 

La historia de estas prácticas es mucho más antigua que las instituciones educativas modernas, ritos de iniciación y formas de sometimiento a los recién llegados existen desde la antigüedad y posteriormente se extendieron por universidades europeas durante la Edad Media y la época moderna.

 

En México, las novatadas adquirieron especial presencia durante el siglo XX en determinados sectores universitarios. En instituciones como la UNAM se relacionaron en distintos periodos con grupos de choque y prácticas de control entre estudiantes; las bromas, rapados y humillaciones podían presentarse como mecanismos de integración, pero en algunos casos evolucionaron hacia agresiones, extorsiones y actos de violencia.

 

El caso de Teteles vuelve a exhibir la dificultad de erradicar una costumbre arraigada durante décadas; la pregunta ya no es si las novatadas forman parte de la identidad de determinados planteles, sino hasta dónde puede permitirse una tradición cuando comienza a poner en peligro la salud, la dignidad y la vida de los estudiantes.

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