El hemisferio norte del planeta vive el verano más caluroso desde hace al menos 80 años, es decir, desde que se mide sistemáticamente la temperatura de forma estandarizada, por lo que podría ser la temperatura más alta de la historia. Además del malestar físico, este calor ya está incidiendo en problemas económicos, ¿a qué nos estamos enfrentando?
Desde finales del mes de mayo la Unión Europea, Canadá, Estados Unidos y algunas zonas de México padecemos altas temperaturas que alcanzaron su pico máximo la primera semana de julio y que podría seguir aumentando hacia este fin de semana. En París, Roma y Madrid, las capitales más afectadas, el termómetro rebasó los 40°C y en algunas regiones de Alemania la sensación térmica ha llegado a rozar 45°C.
Ni la infraestructura, ni la población se han habituado al aumento constante de temperatura que se han vivido en los últimos años y que hoy parece acelerarse, ya que este verano presenta temperaturas mayores entre 3 y 10 grados por encima de lo habitual. Por ejemplo, en París, el 80% de los hogares no tiene aire acondicionado, porque no era necesario; ahora, equipar hogares y oficinas podría impactar hasta 3 puntos del Producto Interno Bruto, sin embargo, no hacerlo tendrían un impacto negativo de hasta 10 puntos en los próximos años.
Diversos estudios económicos han demostrado que los climas calurosos y extremadamente calurosos pueden reducir la productividad de entre un 4 y 15%. La gente trabaja más lentamente, tiene movimientos y reflejos ralentizados, la creatividad y la concentración disminuyen, los ausentismos y las incapacidades médicas aumentan; pero también, hay maquinarias que deben trabajar menos rápido para evitar sobrecalentamiento o equipos de oficina que fallen más frecuentemente. Un clima caluroso demanda mayor consumo energético para ventilación, refrigeración y acondicionamiento. Entonces, por un lado, disminuye la productividad y, por otro lado, aumentan los costos; un desastre para la economía.
Si bien se venía advirtiendo del aumento gradual de la temperatura por efectos del cambio climático, las acciones concretas para enfrentarlo fueron postergadas. En las últimas semanas, varios países europeos han recortado sus jornadas en algunas actividades, particularmente las administrativas; pero también la industria ha suspendido intermitentemente por problemas de sobrecalentamiento de maquinaria. El transporte público ha sufrido averías importantes por efectos del calor en neumáticos, asfalto, engomado de rieles y cables eléctricos, por lo que también se ha visto interrumpido. Al mismo tiempo hospitales y morgues se están saturando por un aumento de la demanda de servicios.
La siguiente gráfica muestra los excesos de mortalidad, es decir, el número de defunciones mayores al promedio en condiciones normales. Se observa que los picos máximos se alcanzaron durante la fase más grave de la pandemia de Covid-19 y los puntos más altos de mortalidad europea que se registran durante los periodos invernales. El último gran pico se registró en el invierno de 2023 cuando confluyeron tres virus en el ambiente asociados con enfermedades respiratorias. Este verano sería el de mayor mortalidad desde la pandemia y sería casi comparable con las muertes invernales, hasta un 9% de exceso que equivaldría a 20 mil muertes adicionales. El contraste es que mientras los picos de exceso de mortalidad invernal se caracterizan por defunciones de personas mayores de 60 años, esta ola de calor afecta a un rango de edad más amplio, siendo los más afectados un segmento relativamente joven entre 40 y 60 años de edad.

Elaborado con datos de EuroStat
Mientras tanto, en México padecemos los efectos de El Niño, que, aunque no son fenómenos conectados, están confluyendo para calentar radicalmente el hemisferio norte. La ola de calor de Europa tiene un origen antropogénico por el calentamiento planetario; mientras que El Niño es un fenómeno natural registrado históricamente que calienta el océano Pacífico provocando distorsiones ambientales como mayor actividad pluvial. Hemos atestiguado como en pocos minutos se han precipitado cantidades extraordinarias de lluvia en Puebla y el centro del país, generando inundaciones catastróficas. Este fenómeno podría continuar hasta 2027 y se prevé que su punto máximo se alcance entre octubre y diciembre de ese año.
Tanto El Niño como la ola de calor europea golpean con mayor fuerza a la población más vulnerable, los pobres del mundo serán los que más padezcan los efectos climáticos, por ello es importante que las políticas de acción tengan una perspectiva de clase social para atender primero a los trabajadores. Mientras el 1% de la población quema al planeta, el 99% asumimos los costos: paros industriales, descuentos salariales, daños patrimoniales. Esta casa común, debe ser sostenida también de forma común.
*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras
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