Déjeme contarle que la UNAM, institución que históricamente ha sido epítome de pensamiento crítico y rigor académico, terminó colocándose en una posición incómoda -en otras palabras, se equivocó- al invitar al alcalde de Puebla, José Chedraui Budib, a su Segundo Coloquio Internacional de Primavera sobre “El Arte de Gobernar en Tiempos de Incertidumbre”.
Esta posición no fue por el acto en sí, sino por lo que representa, es decir, abrir la tribuna a un perfil cuya gestión dista de ser ejemplo de resultados exitosos.
Y es que Chedraui se presentó, no como orador, sino como un palabrero de “acciones para fortalecer la gobernanza”, alegando coordinación institucional y supuestas mejoras en la calidad de vida. El tono, cercano al de un merolico, contrasta con la realidad cotidiana de Puebla capital.
Hay una brecha evidente entre el discurso que se exporta a foros académicos y la experiencia diaria de quienes transitan la ciudad.
El caso más emblemático es el de los baches, convertido en eje narrativo de su administración. Desde su primer informe, el alcalde ha insistido en responsabilizar al pasado, habla de cientos de miles de desperfectos heredados, de abandono y de desorden presupuestal.
Sin embargo, dos años después, el problema sigue presente. Las cifras "alegres" de bacheo no han logrado cambiar la percepción ciudadana ni tantito, las calles siguen deterioradas y el mantenimiento parece más reactivo que estructural.
Aquí es donde el discurso de gobernanza se debilita. Gobernar no es únicamente administrar rezagos ni comunicar esfuerzos; implica transformar condiciones de manera sostenida.
La comparación con modelos exitosos de gestión urbana, donde las políticas públicas se miden por indicadores claros y resultados tangibles, deja en evidencia la falta de una estrategia integral que trascienda el corto plazo.
A pesar de ello, algunas mediciones cuchareadas han colocado a Chedraui en posiciones destacadas. Ese contraste entre evaluación estadística y percepción social abre otra discusión: ¿qué tanto pesan la narrativa política, el respaldo institucional y la comunicación en la construcción de la imagen pública?
Porque en Puebla, más allá de rankings, persiste la sensación de una ciudad que no despega, sino que va para atrás.
La invitación de la UNAM, en este contexto, obliga a una reflexión más amplia. Las universidades no sólo son espacios de diálogo, también son filtros de calidad en el debate público.
Dar voz a un gobernante no es el problema en sí; lo cuestionable es hacerlo sin exigir evidencia sólida de transformación, sin confrontar el discurso con datos duros. sin saber la clase de ganapán que es el tal Chedraui.
Al final, el “arte de gobernar” no se acredita en foros ni se sostiene en presentaciones supuestamente bien estructuradas. Se valida en la calle, en los servicios que funcionan, en la infraestructura que mejora y en la confianza ciudadana que se construye día a día.
Puebla, hoy por hoy, sigue esperando que ese discurso de su desfachatado alcalde se convierta en resultados.