“Efecto copycat”: ¿por qué un psicópata imita a los criminales?

“Efecto copycat”: ¿por qué un psicópata imita a los criminales?

Foto: FreePik

Tras el ataque armado en la zona arqueológica de Teotihuacán, la autoridad mexiquense informó que una de las principales líneas de investigación apunta a que el agresor presentaba un perfil psicopático influenciado por el denominado “efecto copycat” o crimen de imitación. 

 

Y es que entre sus pertenencias se encontraron notas, materiales y referencias a tiroteos masivos en Estados Unidos, en particular la masacre de Columbine ocurrida el 20 de abril de 1999, cuya fecha coincidió con el ataque en Teotihuacán.

 

Además, se detectó que el sujeto generó imágenes mediante inteligencia artificial en las que aparecía junto a Eric Harris y Dylan Klebold, autores de Columbine, y que mostraba admiración por figuras históricas como Adolfo Hitler, lo que refuerza la hipótesis de una identificación simbólica con perpetradores de violencia extrema.

 

En criminología, el “efecto copycat” describe el fenómeno mediante el cual una persona reproduce elementos de crímenes previamente difundidos, como el modus operandi, la elección del escenario o la carga simbólica de fechas específicas. 

 

Este comportamiento ha sido vinculado con teorías como el aprendizaje social de Albert Bandura y las leyes de la imitación de Gabriel Tarde, que explican cómo ciertos individuos, particularmente con vulnerabilidades psicológicas, pueden replicar conductas observadas en medios o entornos digitales.

 

Especialistas advierten que la amplia cobertura mediática de hechos violentos puede detonar lo que se conoce como “efecto contagio” o incluso un “efecto Werther” aplicado a la violencia, en el que la exposición reiterada incrementa el riesgo de imitaciones. 

 

Por ello, organismos internacionales y expertos en ética periodística recomiendan evitar la difusión de detalles operativos y la glorificación de los agresores.

 

Y aunque los tiroteos masivos con características similares a los ocurridos en Estados Unidos son poco frecuentes en México, hay antecedentes de conductas imitativas en distintos contextos. 
 

Casos de asesinos seriales que replicaron patrones de criminales extranjeros, así como episodios de violencia escolar influenciados por contenidos en internet, han sido documentados en las últimas décadas.

 

Uno de los casos más claros ocurrió en enero de 2020 en el Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila, donde un menor de 11 años perpetró un tiroteo que dejó una maestra muerta y varios heridos antes de quitarse la vida. El hecho llamó la atención no solo por la tragedia, sino porque el agresor portaba una camiseta con la leyenda “Natural Selection”, asociada a los autores de la masacre de Columbine en Estados Unidos, lo que especialistas interpretaron como una referencia directa y un posible caso de imitación.
 

Otro ejemplo se remonta a décadas atrás con Macario Alcalá Canchola, apodado por la prensa como el “Jack el Destripador mexicano”, quien en los años 60 asesinó a trabajadoras sexuales en la Ciudad de México siguiendo patrones similares al criminal londinense del siglo XIX. 

 

Este caso es considerado uno de los primeros registros de imitación criminal en el país, al adoptar tanto el perfil de víctimas como ciertos métodos que evocaban al personaje histórico.


 

En años más recientes, el efecto copycat también se ha observado en el entorno digital, particularmente con retos virales como la llamada “Ballena Azul”, que entre 2017 y 2018 tuvo eco en estados como Puebla, Jalisco y Nuevo León. Aunque no todos los casos estuvieron plenamente verificados como parte de una red organizada, sí se documentaron conductas de imitación entre jóvenes, quienes replicaban dinámicas de autolesión difundidas en internet.

 

En conjunto, estos casos reflejan que si bien el efecto copycat en México no siempre deriva en réplicas exactas, sí se manifiesta en patrones de inspiración, especialmente cuando la exposición mediática amplifica el alcance de la violencia.

El caso de Teotihuacán pone de relieve los riesgos asociados a la hiperconectividad y la circulación global de contenidos violentos, así como la necesidad de fortalecer la atención en salud mental, la vigilancia de señales de alerta en entornos digitales y la responsabilidad en la difusión informativa. 

 

Este episodio, ocurrido en uno de los sitios turísticos más emblemáticos del país, reabre el debate sobre los factores que detonan este tipo de violencia y la manera en que su exposición pública puede incidir en su reproducción.

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