José Chedraui, un alcalde de ornato en una ciudad en crisis

José Chedraui, un alcalde de ornato en una ciudad en crisis

Foto: Enfoque

La “capital imparable” se ha convertido en un lema que, en la práctica, suena más a ironía que a realidad, y es que la Angelópolis arrastra problemas crónicos de baches interminables, vialidades destruidas, rezagos en servicios básicos y una percepción general de estancamiento, que la colocan lejos de cualquier dinamismo urbano sostenible. 

 

Pero en medio de este panorama desolador, hay un factor que evita un colapso total, la intervención directa y decidida del Gobierno Estatal encabezado por Alejandro Armenta, que ha asumido responsabilidades que corresponden al Ayuntamiento de José Chedraui, demostrando que, ante la indolencia e ineptitud municipal, el Estado no puede quedarse de brazos cruzados.

 

Para muchos, es una realidad que Chedraui se ha convertido en un estorbo total, ya que ni siquiera dentro de Morena lo ven con buenos ojos, pues a pesar de que asistió en calidad de bulto a la Escuela Municipalista, el alcalde se ha vuelto un ente incómodo y estorboso, por eso poco se le ve en público.

 

Y para muestra lo sucedido este lunes: el inefable señor Chedraui se apareció en la mañanera porque no había de otra, pero como era de esperarse hizo el ridículo: todo su discurso lo leyó de su celular, a ciencia y paciencia de los funcionarios verdaderamente importantes y pensantes y que estaban ahí presentes.

 

Sí, otra vez levantaron de la cama a la fuerza a Chedraui, esta vez para ir a la mañanera. Era tan “temprano” que pidió a alguien, tal vez a su obnubilado boletinero, que le armara un discurso de minuto y medio y se lo mandara por whatsapp.

 

Chedraui inició la semana haciendo el ridículo, comenzó la jornada laboral con toda la flojera, con cara de desvelado se puso a leer su obra discursiva por celular.

 

Esa bochornosa figura del munícipe no sorprendió a nadie: es el patrón recurrente de quien prefiere el ridículo a la acción real; mientras tanto, el gobernador ha encabezado intervenciones directas y concretas en la capital, invirtiendo recursos estatales masivos para compensar la ineficiencia municipal. 

 

Por ejemplo, el Programa “Bachetón, Por Amor a Puebla”, lanzado con una inversión histórica de 50 millones de pesos de las arcas estatales, atendió intensivamente baches y rehabilitación de vialidades en cuatro cuadrantes de la capital, operando 24/7 con cuadrillas propias; el mandatario lo arrancó personalmente y supervisó su avance, dignificando calles que el municipio dejó abandonadas, en plena época de lluvias.

 

De igual manera, el ejecutivo ha intervenido más de 5,000 calles en diversos puntos de la capital poblana, una tarea que, en condiciones normales, debería encabezar el Ayuntamiento, pero que terminó siendo asumida por el Gobierno Estatal ante la haraganería municipal.

 

Dentro del Programa de Obra Comunitaria, se han ejecutado proyectos enfocados en guarniciones, banquetas, pavimentación y mejora de espacios públicos en Puebla capital, en las que el gobernador ha participado en jornadas de limpieza y transformación.

 

Asimismo, ha implementado el programa "Por Amor Transformamos” que busca cambiar la gestión de residuos sólidos urbanos en los mercados de Puebla, impulsando a su vez un modelo de economía circular, para cumplir el proceso de comprar, procesar, empacar, consumir y reutilizar, con el propósito de reducir la contaminación y proteger al medioambiente.

 

En pocas palabras, la capital poblana estaría mucho peor sin la intervención decidida del gobernador Armenta, pues su Administración no sólo ha invertido miles de millones en obras, sino que ha asumido el vacío dejado por un Ayuntamiento que parece conformarse con discursos leídos en celular y ausencias ignominiosas

 

Mientras Chedraui es un alcalde de ornato en una ciudad en crisis, Armenta demuestra con hechos que el cambio real viene de quien sí trabaja por amor a Puebla; el Estado la mantiene a flote, porque ante la indolencia y la dejadez municipal, ha decidido intervenir fuertemente.

 

En política, el vacío nunca dura mucho, o se llena con trabajo o se exhibe con torpeza; hoy, en la capital poblana, ese contraste es evidente.

 

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